Me dice Google que fue San Jerónimo el que dijo eso de que todo rico es ladrón o hijo de ladrón. Muchos consideran injusto que haya ricos y pobres, y que esta falta de equidad sólo ocurre porque unos están hurtando los recursos de otros. Discutible, quizás. Donde hay menos debate es en que el hijo del rico lo tiene más fácil que el hijo del pobre. Y esto, que damos por hecho, es realmente terrible.

El índice Gini es uno de los que generalmente se utiliza como indicador de desigualdad económica. Un valor de cero, indicaría una sociedad sin ninguna desigualdad en cuanto a ingresos económicos. El valor máximo es 1, el de mayor desigualdad posible (una sociedad con dos personas, donde uno lo tiene todo y el otro no tiene nada).

Utilizando el promedio de las estimaciones de los últimos años del Banco Mundial se puede ver que el mayor grado de igualdad se da en los países escandinavos (Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca) y en varios de los países del este europeo, como Eslovenia, Ucrania, República Checa o Bielorrusia. En todos ellos, el índice Gini oscila entre 0,24 y 0,28. En el otro extremo, por encima de 0,60, encontramos sólo países africanos, con Sudáfrica a la cabeza. Por encima de 0,55 aparecen varios países americanos, como Haití (el de mayor desigualdad en América), Colombia, Brasil y Honduras. En México el índice está por debajo de 0,50, en Estados Unidos y China en torno a 0,40, en Reino Unido y España, alrededor de 0,34 y en Francia y Japón, sobre los 0,32.

Llama la atención que países que consideramos afines entre sí presentan índices similares: nórdicos, este europeo, americanos, africanos, mediterráneos… Esto indicaría que el nivel de desigualdad está muy influenciado por factores culturales, institucionales e históricos. Por otro lado, bloques y países que no tienen nada que ver unos con otros, como los del este europeo y los nórdicos o Francia y Japón, comparten resultados similares, aunque su nivel de renta, su distribución social y, sobre todo, sus instituciones y políticas económicas distan bastante entre sí. Francia es el país con mayor gasto público del mundo en relación a su PIB, mientras que en Japón, siendo alto también el gasto público, la ausencia significativa de inmigración, la cultura social tendente al colectivismo y su particular sistema económico son factores clave.

Los datos anteriores son muy interesantes respecto a la desigualdad económica y sus causas. También respecto a las soluciones, que no son las mismas para cada caso, como dice Moisés Naim. Sin embargo, me parece más interesante analizar ésta desde el punto de vista de la movilidad social entre diferentes generaciones; es decir, cómo ha evolucionado dentro de un país la posición económica entre diferentes generaciones de cada familia. Proyectado hacia futuro, este dato estimaría la probabilidad de que mi hijo tenga una posición económica superior (o inferior) a la mía.

Medir movilidad es especialmente interesante desde dos puntos de vista. En primer lugar porque lo que se está midiendo principalmente es la igualdad de oportunidades. Una sociedad en la que la capacidad de ascenso (o descenso) social está limitada, una sociedad estratificada en la que nacer en una determinada familia condiciona por completo la evolución económica del individuo es una sociedad que, evidentemente, no está dando las mismas oportunidades a sus ciudadanos. En segundo lugar porque si bien puede haber debate acerca de si la desigualdad es injusta y por tanto debe ser eliminada o si es inevitable y no es un problema o si hay un nivel óptimo de ésta para el crecimiento económico, el asunto de la movilidad debería poner de acuerdo a unos y a otros. Es justo desde casi cualquier punto de vista que haya igualdad de oportunidades en el desarrollo del talento individual y, por otro lado, impulsar y explotar la capacidad y la ambición individual de todos los ciudadanos es esencial para el crecimiento y la eficiencia económica de los países.

La “elasticidad de ingresos intergeneracionales” representa el porcentaje de ingresos relativos de los padres que heredan los hijos y es una forma de estimar el promedio de movilidad entre generaciones. Las estimaciones de varios autores para 12 de los países de la OCDE indican que existe una gran movilidad en los países nórdicos, Australia y Canadá y que los tres países con menor movilidad son Gran Bretaña, Italia y Estados Unidos.

Intergenerational Earnings Elasticity estimates from various studies (2)

Cuando el análisis se amplía a más países, se observa más claramente la siguiente tendencia: la movilidad social es mayor en países donde la desigualdad es menor. Es lo que Alan Krueger y su equipo bautizaron como «Great Gatsby curve«. Por sí sólo este hecho debería dar mucha luz al debate acerca de las consecuencias de la desigualdad. No obstante, aquí también hay opiniones diversas y críticos con que exista realmente una relación de causalidad entre desigualdad y movilidad.

Los países deberían ofrecer las mismas oportunidades a todos sus ciudadanos. Pero, ¿qué significa esto? Nacer en una determinada familia significa no sólo nacer con más o menos recursos económicos. De la familia heredamos muchas cosas. Heredamos cultura, valores éticos, habilidades cognitivas y no cognitivas, amistades y relaciones personales, una carga genética que determinará nuestra raza, aspecto físico, nivel de inteligencia. Incluso aunque vayamos al mismo colegio, aunque tengamos las mismas oportunidades educativas, no es lo mismo nacer en una familia que en otra. No es lo mismo tener o no libros en casa, hábitos saludables, que los padres tengan o no estudios superiores, que trabajen o estén desempleados, que sean fanáticos o tolerantes, agresivos, indolentes o asertivos. Por desgracia, y esto es muy palpable en Estados Unidos, tampoco es lo mismo ser blanco que negro.

Esto plantea retos enormes y, de hecho, parece ser que incluso en los países donde la movilidad social es relativamente alta, ésta es mucho menor en la parte inferior de la escala social: la pobreza se hereda y persiste entre generaciones tanto como la riqueza.

No es sólo una responsabilidad esencial del estado y de sus instituciones proveer de igualdad de oportunidades a sus ciudadanos, sino que también considero que son insustituibles en esta función. Sin embargo, no conozco ningún país en el que los políticos paguen lo suficiente por su incapacidad para alcanzar consensos en la principal herramienta con la que cuentan para este asunto: el sistema educativo. Cuando pensamos en votar o manifestarnos hay pocas cosas más importantes que ésta.